Salta de vuelta

Me sentí como si hubiera estado durmiendo durante cien años, mi cuerpo todavía estaba cansado y mi mente seguía entre niebla, después de tres días en la cama con un resfriado el mundo parecía correr en cámara lenta frente a mis ojos.

Me alegré de haber sido “forzado” a reducir mi velocidad y tomar un descanso involuntario, porque a veces la vida se acelera y sigo postergando mi dilación y quiero hacer todo al mismo tiempo, sin embargo, la madre naturaleza es muy sabia y, a su manera, me recuerda que tengo que parar de vez en cuando, ella sabe que ésta es la única manera en que yo escucho su sabiduría, a veces.

Y aunque nuestro cuerpo sabe lo que es mejor para nosotros, todavía siento que dormir la mayor parte del día es antinatural.  Los efectos de dejar mi cama por primera vez después de tres días de descanso constante, estaban jugándome travesuras.

 

Trataba de retomar mi ritmo y actividades normales, pero mi organismo no estaba tan fuerte como de costumbre,  así que mejor decidí dar un pequeño paseo para tomar aire fresco. Al pasar junto a una piscina pública pude ver a varias personas en una clase de natación utilizando el trampolín para practicar diferentes técnicas de clavados.

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