Vas a extrañar esto

Cuando yo era niño soñaba con crecer, ser un adulto y hacer lo que quisiera sin tener que pedir permiso o recibir ayuda de nadie. ¡Ser un adulto debía ser algo maravilloso!

Recuerdo esas épocas y quisiera poder volver a ser cuidado y atendido haciendo caso omiso de muchas cosas que suceden todos los días a mi alrededor.

Años más tarde, esperando a que mi hija dejara de llorar y nos permitierá volver a dormir, mientras mecía su cuna, recuerdo haber deseado que creciera rápido y verla como una niña hermosa que iría a dormir en silencio y rápidamente.

Ahora veo en mi mente esos momentos con ojos nostálgicos, deseando poder tenerla en mis brazos y llevarla de la mano para un paseo por el parque. Ahora mis dos hijas están demasiado ocupadas aprendiendo el cómo es la vida y casi hay que sacar cita para verlas un rato.

Recuerdo aquellos tiempos en que pensé que el día que tuviera dinero, mi propia casa y un coche elegante, sería el hombre más feliz de la Tierra. Dejar de tener que pagar alquiler, viajar en un transporte público lento y depender de la ayuda de los demás, debía ser la mejor experiencia de todas.

Esos días llegaron y mi nivel de felicidad no mejoró con esos “bienes”.

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