Experiencia

Yo estaba pasando por un momento muy difícil tratando de recoger mi bicicleta, las ruedas de entrenamiento hacían las cosas aún más difíciles y para un niño de 5 años de edad, esto parecía una tarea imposible. Sin embargo yo seguía haciendo mi mejor esfuerzo para recogerla y seguir pedaleando de vuelta a casa, a pesar de mi rodilla raspada tras la caída.

Estaba a punto de empezar a llorar porque no lograba hacerlo cuando un hombre alto llegó y con una mano recogió mi bicicleta y me ayudó a subir en ella de nuevo. Con una sonrisa y un guiño se despidió de mí y continuó su paseo.

¡Me maravillé! “Tiene que ser el hombre más fuerte del mundo”, pensé. Por supuesto que yo no era muy alto ni muy fuerte a esa edad, pero para mí era admirable.

Años más tarde, durante un torneo de artes marciales, estaba observando a un viejo maestro rompiendo tres enormes bloques de hielo con la mano vacía. Me sorprendió pues se veía muy delgado y pequeño, pero había reunido la fuerza de 10 hombres y había logrado un prodigio real en frente de una multitud sorprendida. ¡Fue increíble!

Después de un rato me acerqué a ese anciano japonés y le pregunté cómo había podido hacer un acto tan impresionante. Me miró fijamente durante un rato y me dijo: “Eres muy joven y sin experiencia en la vida. Es por eso que te parece tan increíble, pero no lo es. Te enseñare.”

Me llevó a una habitación con muchas tablas que usaban para fines de exhibición y me dio tres de ellas, me mostró cómo golpear de la forma correcta y cuando utilicé la técnica que él me había enseñado, las tablas se rompieron fácilmente. Me sorprendió el que yo fuera capaz de hacer algo así y, el que él tuviera razón, era sólo cuestión de aplicar una técnica.

Hace unos días, vi a un niño pequeño llorando y tratando de arreglar su bicicleta, al parecer, se había caído y la cadena de la bicicleta se había zafado  y él estaba realmente asustado porque su padre “lo mataría”. Sé que todos decimos cosas así a esa edad.

Me acerqué a él y le preguntó cuál era el problema (Era evidente cuál era el problema, pero nosotros, los humanos, tenemos maneras estúpidas de abordar e iniciar conversaciones). Me dijo que era una bicicleta nueva y que había perdido el control de la misma y se había caído, pero la peor parte era que la cadena se había desprendido y no tenía idea de cómo arreglar eso. Además tenía pánico porque su padre era muy estricto con él y lo “mataría” cuando se enterara de la cadena. Reparé la cadena en pocos minutos y dejé la bicicleta como nueva. Él estaba encantado y sorprendido: “¿Cómo hizo eso, señor? ¡Usted debe ser un mago! “Dijo alegremente.

Lo miré, pero en realidad me vi reflejado en este niño y le dije lo mismo que me dijo ese maestro de karate hace años: “Eres muy joven y sin experiencia en la vida. Es por eso que te parece tan increíble, pero no lo es. Te voy a enseñar.” Después de varios intentos, se las arregló para hacerlo por sí mismo. Se fue con una gran sonrisa en su rostro. Una sonrisa que llenó mi alma.

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