Esta lección que aprendí hoy

Muchos años habían pasado desde la última vez que hablé con él, pero fue una agradable sorpresa volver a verlo. Su aspecto era como de costumbre fuerte, pero más relajado al mismo tiempo. Era difícil decir cuál era la diferencia real.

Compartimos muchos años en nuestra infancia, pero nuestros caminos tomaron diferentes direcciones. Pero ahora que nos habíamos encontrado otra vez, era muy agradable poder hablar de los viejos tiempos y compartir lo nuevo también.

Después de un tiempo de escuchar su historia y luego tomar mi turno para contar la mía, nos quedamos tan impresionados de lo diferentes que nuestras vidas habían sido y ahora el poder compartir este pequeño momento, aquí y ahora, eso era aún más sorprendente.

Tuvimos educación similar en nuestros primeros años, pero ahora vemos la vida de una manera muy diferente. Todo el mundo cambia su propia perspectiva en función de lo que viven, así que no estaba muy sorprendido con muchos conceptos que ya no compartimos más. Yo me quedé en silencio todo el tiempo, pues me dio gusto verlo y ya no entro en debates. Así que lo dejé hablar de sus ideas y yo le dije las mías.

Pero por lo menos ambos estábamos de acuerdo en muchas cosas también, ambos aprendimos a estar agradecidos por lo que hemos vivido. Pero me sentí un poco triste de ver que él siente que ya él es así, que esta es su forma de ser y que no podemos cambiar más: “A mi edad, no puedo cambiar mi forma de pensar y de hacer las cosas.” (Y ni siquiera llega a los 50.)

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