¿Eres tú?

Ella era una chica dulce y encantadora. Creció en una familia tradicional y su infancia fue feliz.

A medida que creció la gente y los acontecimientos le jugaron rudo y se llenó de resentimientos y se hizo “más dura”. Empezó a hablar como sus amigos varones y cambió su estilo de vestuario a uno más masculino. Incluso sus movimientos y vocabulario se hicieron más agresivos y rudos.

Finalmente, un día me atreví a preguntarle por qué decidió hacer esos cambios en su personalidad, puesto que había sido una chica agradable cuando era más joven y ahora era más dura que algunos pandilleros que conozco.

Ella me dijo que tenía que desempeñar un papel diferente. Ella estaba sola con sus dos hijos en un mundo hecho para los hombres y por los hombres y que las mujeres no tenían ningún lugar seguro para estar. Así que decidió que ya no dejaría que nadie caminara sobre ella, ahora ella sería la que pisara las cabezas de los demás.

Le dije que entendía sus razones, pero que en realidad estaba perdiendo su verdadero yo y eso sería más doloroso y difícil de recuperar en el futuro.

Le presenté a otra amiga que ha estado por su cuenta la mayor parte de su vida también. Ella tiene dos hijos que ahora son adultos exitosos y que están muy orgulloso de ella y siguen sus pasos. Ella ayudó a mi amiga para volver a su yo “real”, no en el que se había convertido para sólo “sobrevivir” y me alegra decir que ahora se siente mucho más feliz y más realizada.

Entiendo que a veces es necesario ocultar o adaptar tu “verdadero yo” con el fin de sentirte más seguro, para encajar en la sociedad en que estás viviendo, pero, cuando permites que el mundo te robe tu verdadera esencia, entonces las cosas serán mucho más complicadas para ti de lo que te puedes imaginar.

En otro momento le pediré a mi amiga que me platique lo de esa técnica de “empoderamiento” para compartirla contigo, pero ahora está “regresando a la normalidad” y logrando más cosas en su vida y con su familia, que cuando tenía que ponerse una máscara para ocultar lo que ahora, muestra con tanto orgullo: su verdadera naturaleza.

Esta es una lección que todos debemos tener en cuenta constantemente.

No necesitas hablar como los demás, comportarte como todos tus amigos o cambiar tus gustos, personalidad o manera de pensar y vestirte para ser “aceptado” por todos. Si sientes la necesidad de hacerlo, entonces estás “juntándote” con el grupo equivocado.

He visto muchas veces a personas que tratan de “hablar” con un tono o vocabulario diferente al suyo y suenan tan “falsos”, que se ven ridículos, sus “amistades” lo notan y, por ello terminan por enfrentar su “rechazo”.

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