¡Pruébalo primero! (nota mental)

 

Un mal hábito que he estado tratando de quitarme de encima, pero que todavía mantengo oculto en algún lugar profundo en mi mente subconsciente es, el juzgar algo antes incluso de probarlo.

Muchas veces he visto alimentos nuevos y extraños en mis viajes y de inmediato, incluso antes de comprobar su olor, los he etiquetado como: No bueno.

Por ejemplo, una vez me pasó con un tipo de tortilla gruesa de maíz de El Salvador, muy popular en ese país. Se rellenan con queso, frijoles o carne y añaden un poco de salsa de tomate, repollo, condimento, etc.

El aspecto no era tan “atractivo” para mí al principio e inmediatamente me negué a probarlo. Pero después de la insistencia de algunos amigos locales, acepté a regañadientes, probar “una pequeña mordida”.

¡Me encantó al instante esa “pupusa”! El sabor era delicioso y después de comerme tres, incluso me gustó su apariencia. ¡Amor a la primera probada!

Pero mi experiencia no se ha limitado a los alimentos. He juzgado de antemano, actividades, a personas y a lugares con la misma mente cerrada.

Y sí, por lo general acabé cambiando de opinión al respecto, después de probarlo también.

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