Decide

Estaba escuchando a un amigo que expresaba con vehemencia sus ideas sobre política. Un grupo de personas a su alrededor escuchaba su opinión con interés, pero algunos de ellos no estuvieron de acuerdo con sus conceptos y comenzaron a refutar sus puntos.

Todo se convirtió en un desastre mientras yo me quedaba callado viendo la teoría del caos desarrollándose justo delante de mis ojos.

El grupo entonces se dividió en dos secciones (quizá en más), una defendiendo las opiniones de mi amigo y la otra agresivamente atacándolas.

Decidí guardarme las mías y permanecí en silencio observando el furioso debate y disfrutando de una taza de té.

De repente mi amigo volvió su cabeza hacia mí pidiendo mi “apoyo” y opinión sobre “quién estaba bien o mal”. Sólo sonreí y le dije que no estaba calificado para dar mi opinión o juicio sobre quién estaba bien o mal esta vez.

Todos me miraron como si yo fuera la persona más ignorante del planeta y continuaron su interminable debate.

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