Lecciones de vida

Mucha gente se refiere a sus experiencias de vida como “lecciones de la Universidad de la Vida”. Lo que significa que la vida misma es una fuente abundante de conocimientos, experiencias y lecciones muy valiosas.

Probablemente las mejores lecciones de la vida son absolutamente gratis. O tal vez no tan “gratuitas” porque el precio que tenemos que pagar para recibirlas y aprender de ellas es tener que experimentarlo en carne propia y, a veces, es un precio muy alto a pagar.

Hoy me siento especialmente agradecido por todas mis lecciones de vida, tengo la suerte de decir que he experimentado algunas muy difíciles impartidas por los mejores maestros del universo: mis “problemas” y “los tiempos difíciles”, estos han sido excelentes profesores y estoy muy agradecido por ellos. Además todavía estoy aprendiendo de otras personas que han tenido la amabilidad de compartir sus experiencias conmigo y otros a los que he podido observar desde la distancia también.

Probablemente tú no has experimentado el hambre, no el tipo de sensación que se siente cuando no has comido durante unas horas, sino me refiero a cuando no tienes nada que comer en casa y no hay dinero para conseguir algo para ti y tu familia.

Recuerdo la sensación al pasar frente a un restaurante y el olor de la comida que llega te hace sentir mareado y desesperado. Tienes que contener la respiración y caminar más rápido para no sucumbir allí mismo. De alguna manera ahora puedo reconocer la “mirada” en los ojos de las personas que están pasando por la misma situación, e incluso aunque no digan nada, esa “mirada” especial en sus ojos los delata y, como he vivido eso, ahora soy capaz de reconocerlos y eso me ha dado la oportunidad de ofrecerles un poco de ayuda.

Hace unos meses tuve un pequeño problema en el pie izquierdo, no podía caminar muy rápido, ya que el dolor era muy fuerte así que tuve que frenar mi andar mucho, en comparación con la alta velocidad a la que estoy acostumbrado a caminar todos los días. Tuve que “volver a aprender” por un tiempo, a caminar en una calle muy transitada y eso me enseñó diferentes cosas muy interesantes. Yo caminaba tan lento que incluso las personas de edad avanzada con bastones, caminaban más rápido que yo. Yo no me había dado cuenta de cómo la gente te empuja y te insulta cuando “estás en su camino”, ya que todo el mundo tiene prisa en estos días. Así que de repente, te convierte en nada más que un “obstáculo” para ellos y simplemente te empujan sin ninguna consideración a tu enfermedad. Incluso los conductores se ponen a insultarte si no eres capaz de cruzar la calle antes de que la luz verde se encienda y ellos tengan que esperar un segundo extra para que puedas llegar al otro lado de la calle.

Ahora trato de ponerme en los zapatos de los demás antes de juzgar o actuar y los resultados han sido asombrosos. Pero de alguna manera sé que pasar por esas experiencias yo mismo, me hizo más humano y ahora realmente puedo entender lo que otra persona está sintiendo dentro de su marco de referencia. Y eso se llama: Empatía.

Se agradecido por tus propias lecciones, se agradecido de que ahora eres más fuerte y más sensible a los sentimientos de otras personas y, que gracias a esas “lecciones de vida” estás más cerca de recordar quién eres realmente.

Aprende tus lecciones y pasa tus pruebas y siéntete agradecido por seguir siendo parte de esta gran “Familia de Universidad de la Vida.”

Tomado de mi libro: Despertando I

Despertando: Volumen I (Spanish Edition) by [Sampson, Hector]

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