Ideas nocivas

Una de las cosas más difíciles que tenemos que pasar en esta vida es tener que dejar ir las cosas. El apego está labrado tan profundamente en nuestra alma, que en realidad sentimos que somos dueños de todo el universo.

Ese sentido de la propiedad y la competitividad han estado haciendo un daño real a nuestra sociedad desde hace mucho tiempo.

Por ejemplo, creemos que somos dueños de nuestros hijos. Nuestros hijos e hijas no son nuestros, no son de nuestra propiedad. Han llegado a nuestra vida para enseñarnos a ser mejores y ayudarnos a evolucionar, al mismo tiempo que reciben nuestra guía y amor. Pero ellos son independientes de nosotros y tenemos que dejar de tratarlos como si fuéramos propietarios de sus vidas.

Otro ejemplo es cuando conducimos. Hemos olvidado que estamos compartiendo las calles con otras personas, no somos dueños de la carretera, así que no necesitamos utilizar avenidas, calles, autopistas, etc, como si nos pertenecieran y fuéramos los únicos que tienen el derecho a usarlas. Todos tenemos el mismo derecho de tránsito.

Por otro lado, la educación de los niños para ser “competitivos” ya no es una virtud. Tenemos que recordar que una competencia implica ganar algo sobre los demás y ya no tenemos que hacer eso, ya que hemos aprendido que hay suficiente de todo para todos.

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