Tu dolor

Cuando miramos nuestro pasado, podemos ver muchos períodos cuando las cosas parecían imposibles de soportar. Fuertes situaciones en las que nuestra esperanza parecía haberse desvanecido, pero en el fondo de nuestro corazón, la esperanza era lo único que nos mantuvo con vida.

Una vez que superamos esas situaciones y observamos las cosas desde una perspectiva más relajada, podemos ver todas las “ventajas” de esos tiempos dolorosos.

Aprendes a diferenciar a los verdaderos amigos de aquellos que solo están allí fingiendo que están de tu lado, pero, en el momento en que saben que necesitas su ayuda, miran hacia otro lado y te dejan solo.

Por otro lado, es entonces, cuando las personas que nunca pensaste que te echarían una mano, muestran sus verdaderos colores y permanecen a tu lado hasta que estás de nuevo en pie.

Es solo en ese mismo momento cuando pensaste que todo estaba perdido, que tu fuerza interior apareció mostrándote a ti y, al mundo entero, esa naturaleza poderosa de la que no te dabas cuenta y que siempre había estado dentro de ti desde el principio de los tiempos.

Esos son algunos aspectos positivos del dolor. Aspectos que son importantes porque sacan a la luz cosas que nunca hubiéramos sabido de otra manera.

Así que la próxima vez que estés pasando por un dolor profundo, recuerda que antes que nada, el dolor no es eterno, pasará también y cuando lo haga, te dejará una lección que debes descubrir para que puedas evitar repetir la lección nuevamente en el futuro cercano.

Si te das cuenta del mensaje y trabajas en ti mismo, cuando el examen llegue una vez más, estarás listo para pasarlo con gran éxito. Probablemente sea entonces, cuando entiendas la razón de ser de ese dolor.

¿Recuerdas cuando te raspabas cuando eras niño y tu madre aplicaba ese medicamento doloroso que ardía como  fuego pero que te sanaba más rápido que cualquier otra cosa?

Lo mismo sucede con otras penas. Dicen que, si duele, es porque se está curando.

Ese dolor es parte de nuestro crecimiento, el problema es cuando nos enamoramos de él y tenemos miedo de dejarlo ir.

Es difícil de aceptar, pero necesitamos al dolor para crecer, tanto como las plantas y los árboles necesitan de la lluvia para florecer.

A menos que hayas experimentado un cierto dolor en carne propia, no puedes llegar a comprenderlo completamente, por eso no critiques ni te burles del dolor ajeno. Ellos tampoco entenderán el tuyo, así que no esperes ni pidas su empatía

Experimenta tu dolor, acéptalo, aprende de él y déjalo ir. No podrás evitarlo para siempre, pero tan pronto como reconozcas su valor, serás capaz de atravesarlo más rápido.

Solo libéralo, no tienes que llevarlo contigo todo el tiempo.

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