Hábitos

La mayoría de nosotros estamos tan inmersos en nuestros hábitos que apenas podemos ver que existen en nuestras vidas. Los hemos hecho una parte de nosotros y ahora sería muy difícil deshacerse de ellos.

Sólo la idea de reemplazar un viejo hábito puede sonar muy atemorizante. Cuando a una persona le dice su médico que deje de comer carne roja, la primera pregunta que hacen es: ¿y ahora qué voy a comer? Como si la carne fuera la única opción para alimentarnos.

Una vez que comienzan a buscar recetas sin carne se sorprenden de la cantidad de opciones que hay para una comida saludable. Descubren que podrían comer algo diferente cada día durante años sin probar cualquier tipo de carne de nuevo.

Una vez que dejan de “necesitar” la carne, comienzan a disfrutar realmente de este nuevo hábito saludable.

Lo mismo sucede con las otras áreas de nuestra vida que necesitan un cambio.

Estamos al inicio, nervioso y vacilantes de dar el primer paso, podríamos aplazar la decisión hasta que nos sintamos más seguros y convencidos, pero es como cuando le dices a un niño que se eche un clavado en una piscina, al principio el niño tiene miedo de entrar en el agua “fría”, pero una vez que el cuerpo se acostumbra a la temperatura y equilibra la temperatura interna con la externa, vamos a tener muchos problemas para conseguir que el niño se salga de esa alberca.

Estoy seguro de que eres consciente de que tienes, por lo menos un mal hábito que sabes que tiene que ser reemplazado por uno bueno.

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