El dolor en el cambio

¿Has notado que cuando te enfrentas a nuevas circunstancias, nuevas situaciones, como un nuevo trabajo, mudarte a una nueva casa, una nueva relación, etc., reaccionas de muchas maneras diferentes?

El miedo es la primera sensación que salta en nuestro corazón. Y a veces ese miedo es la principal razón por la que rechazamos tanto el cambio.

Y es comprensible, ya que el cambio puede ser una experiencia muy traumática en el primer instante.

Recuerdo que cuando yo era niño, me daba miedo saltar a una piscina, porque mi memoria del primer contacto con el agua a una temperatura diferente no era muy agradable. Me tomaba mucho tiempo arrastrarme lentamente dentro de la piscina y no era un evento muy agradable.

Por supuesto, una vez que pasaba esta experiencia “traumática”, era casi imposible que me sacaran de la piscina, pero el “convencerme” de saltar en ella a primera hora de la mañana, era una tarea muy difícil.

Mi mente asociaba el cambio de la temperatura corporal al entrar en el agua, con el “dolor”. No es que fuera doloroso de ninguna manera, pero para mí mente era una experiencia “dolorosa”. Comparaba esa sensación de cambio repentino de temperatura, con el dolor en una caída o algunas otras experiencias dolorosas.

Me tomó un tiempo darme cuenta, que si tan sólo “aceleraba” el proceso ¡la satisfacción estaba más cerca! Así que en lugar de entrar en la piscina poco a poco, sólo cerraba los ojos y saltaba. Sí, ya sé que eso es lo que se supone que todo el mundo hace, pero en mi caso particular, me tomó un tiempo lograrlo.

Pero este simple suceso, me enseñó una lección muy interesante e importante después de todos estos años.

Mi idea de “dolor” no era el resultado de la sensación del cambio repentino en la temperatura de mi cuerpo. Mi asociación con el “dolor” fue el resultado de mi miedo a ese cambio, a experimentar la resistencia a ese cambio repentino. A pasar por un “largo proceso” de cambio en la temperatura de mi cuerpo.

Ahora estoy haciendo que esto suene demasiado complicado, ¿verdad?

Pero la idea es muy simple. Y he aplicado este concepto a otras “fobias” en mi vida.

Cada vez que tengo miedo o me resisto al cambio, recuerdo que éste no es doloroso en sí. Mientras más resistencia opongo a enfrentar el cambio, me voy a imaginar que será más “doloroso”.

Así que hoy en día hago todo lo posible para no resistir el cambio, por el contrario, trato de acelerarlo, cada vez que me descubro tratando de evitarlo.

¡Después de todo, los recuerdos de jugar en la piscina siempre serán más fuertes, que los recuerdos de mi miedo a echarme un clavado en ella!

Con esta analogía, me parece más fácil hoy en día, enfrentarme a los cambios en general. Y debo admitir que la mayoría de las veces encuentro el cambio muy agradable y ahora lo veo como un proceso muy importante en el crecimiento.

Así que prepárate para sumergirte en la piscina de la vida, donde encontrarás una gran variedad de nuevos placeres a descubrir, una vez que decidas aceptar el cambio y hacerlo una parte de ti.

¡Feliz nadada!

Tomado de mi libro: Continuum

 

 

 

 

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