¿Eres tú?

Ella era una chica dulce y encantadora. Creció en una familia tradicional y su infancia fue feliz.

A medida que creció la gente y los acontecimientos le jugaron rudo y se llenó de resentimientos y se hizo “más dura”. Empezó a hablar como sus amigos varones y cambió su estilo de vestuario a uno más masculino. Incluso sus movimientos y vocabulario se hicieron más agresivos y rudos.

Finalmente, un día me atreví a preguntarle por qué decidió hacer esos cambios en su personalidad, puesto que había sido una chica agradable cuando era más joven y ahora era más dura que algunos pandilleros que conozco. Continúe leyendo

Una pequeña experiencia…

 

Él estaba gritando y arrojando cosas a su alrededor en medio de la acera. La gente evitaba el sitio donde él estaba parado y prefería cruzar la calle para no tener que pasar a su lado.

Lo vi desde la distancia, pude ver que estaba muy enojado y que gritaba cosas que no podía yo entender. Cuando me acerqué al lugar donde estaba él, una señora salía huyendo mientras este hombre gritaba: “No sé por qué me estoy haciendo esto a mí mismo, si yo sé que me estoy haciendo daño”, y luego pateó una cubeta de plástico cerca él.

En lugar de cruzarme la calle al otro lado con el fin de evitar a este hombre, seguí caminando normalmente. No tengo ni idea de por qué, pues él estaba muy agresivo y aventaba todo lo que podía encontrar en su camino. Continúe leyendo

Sacúdetelo

No hay nada más difícil que tratar de hablar con alguien que está enojado. Le pides que escuche lo que tienes que decir, pero su enojo no le deja escuchar, realmente escuchar, en realidad no están realmente interesados en lo que tengas que decir, todo lo que quieren hacer es sacar esa sensación horrible de su organismo.

Incluso si te dejan hablar durante unos segundos, comenzarán de inmediato a contestarte, no van a escuchar tus razones porque no quieren mantener esa rabia dentro y sienten la necesidad de sacarla. Incluso si tienes razón no pueden verlo. Continúe leyendo