Drama

Dicen que aprendimos a llamar la atención cuando éramos bebés con el llanto, mientras más fuerte llorábamos, más rápido recibíamos la atención.

Este comportamiento continúa hasta nuestra edad adulta, ya que aún nos funciona a veces, por lo que tendemos a mejorar nuestras habilidades y nos convertimos en maestros del drama muy pronto.

Algunas personas dominan el arte de causar lástima  a los demás para poder obtener lo que quieren. Algunos aprenden cómo culpar a otros para poder ser vistos como víctimas de otra gente o de factores externos y, debo admitir que, algunos de ellos son realmente buenos para eso.

A veces usamos todavía ese recurso cuando queremos “persuadir” a otros para darnos algo o que hagan algo por nosotros.

Pero, ¿cuántas veces este lloriqueo nos ha ayudado a alcanzar nuestros objetivos? ¿O para aprender una lección de vida? ¿O para manifestar un sueño?

Esta actitud sólo consigue alejarnos más de ello.

Por supuesto que hemos aprendido a justificar nuestras “elecciones” y comportamientos de una manera brillante, pero ¿tú crees realmente que los demás se creen nuestras “razones”?

A sus ojos somos unos mentirosos y terminamos frustrados, porque al final, no podemos mentirnos a nosotros mismos.

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