El santuario

Me llevó medio día llegar a la cima de esa montaña, un pequeño santuario budista que estaba en medio de la nada.

El monje a cargo de ese pequeño lugar me sonrió tan pronto como llegué a la entrada y me invitó a sentarme a su lado en un banco de madera junto a la puerta principal.

Yo estaba agotado y desaliñado después de la larga subida. Él se veía radiante y feliz. Le dije sobre mi gran aventura de “alpinismo” como si fuera una odisea que sólo se vive una vez en la vida. Él calmadamente me dijo que va a la ciudad dos veces al día, por lo que hace esa “odisea” cuatro veces al día.

Permanecí en silencio durante un rato. Continúe leyendo

Puertas

No soy una persona muy sociable. No es que no me guste conocer gente nueva, por el contrario, me encanta conocer gente nueva, pero lo que no me gusta es estar en medio de grandes multitudes.

Me gusta enfocarme en un pequeño grupo de personas para que podamos llegar a conocernos bien y pueda darles a estos nuevos amigos, la atención adecuada. Pero cuando tienes que conocer a muchas personas al mismo tiempo, por lo general es cuando hago mutis por la izquierda.

No me malinterpretes, no estoy realmente antisocial, (bueno, no mucho.) Pero creo que cada persona que conozco, es como una nueva ventana que me permite ver nuevos paisajes, nuevas ideas, nuevas experiencias, etc. Continúe leyendo

Un lugar sagrado

Tenía un amigo hace muchos años que, desde que era un niño pequeño, sus padres le enseñaron que tenía que ir a la iglesia para poder hablar con Dios.

Él siempre asistió a sus servicios de la iglesia 3 veces a la semana. Tenía la convicción de que el único lugar para hablar con Dios era su iglesia. Le pregunté una vez el por qué tenía que correr a su iglesia cada vez que quería orar, si Dios estaba en todas partes y en cualquier momento. Él simplemente respondió que él sabía eso, pero, pero que sus padres habían sembrado esa semilla en su corazón y que ahora él no era capaz de soltar esa idea tan fácilmente. Continúe leyendo