Poder

“Ser poderoso es como ser una dama. Si usted tiene que decirle a la gente que lo es, entonces no lo es”.

– Margaret Thatcher

 

He conocido gente buena que lucha toda su vida por llegar a un lugar alto, ya sea en una empresa, el gobierno, su situación financiera, fama, etc.

Una vez que alcanzan su objetivo y finalmente, tienen un poco más de poder de lo habitual, su personalidad sufre un cambio dramático y ya no son la misma persona que conocí alguna vez.

¿Soy yo o, en la actualidad nos encontramos con “jefes” en todas partes que están más preocupados en ejercer su poder sobre los demás, que en conseguir buenos resultados para su empresa / institución / país, etc.?

He visto últimamente un incremento en el número de “jefes” que están más interesados en “presumir” cuan autoritarios son, cómo sus esclavos, perdón quise decir sus subalternos les temen y obedecen y qué “duros” se ven dando órdenes todo el tiempo.

De hecho, conocí una vez a una persona que no estaba de acuerdo con permitir que sus empleados trabajaran desde sus casas, sólo porque ella no podía ejercer su poder sobre sus empleados. “Pero ellos están consiguiendo los resultados que tu empresa necesita” Le alegué. Pero ella siempre me respondía: “¿Cuál es el caso ser una jefa, si no puedo mostrarles a los demás quién tiene el mando aquí?”

Sí, yo también me sentí mal por ella, pero estoy viendo ahora ese problema generalizado en todas partes.

Ya tenemos “demasiados jefes y pocos indios” ¿Por qué tenemos esa estúpida necesidad de exhibir nuestro poder sobre los demás, de una manera tan infantil?

No necesitamos esa clase de jefes, necesitamos líderes que inspiren a otros a ser las mejores versiones de sí mismos, que enseñen a través de su propio ejemplo y que sean capaces de mostrarnos prácticamente cómo utilizar un trapeador y una escoba, ante de ordenarnos que hagamos ese mismo trabajo para ellos.

Cualquier tonto, y me refiero a CUALQUIER tonto puede gritar, puede usar palabras groseras, puede emborracharse y puede humillar a los demás.

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