A tu propio paso

¿Alguna vez te sentiste mal, triste o deprimido después de un evento difícil y, un amigo cercano o un familiar, te pegó en la espalda para animarte mientras te dice: “¡Vamos, échale ganas, se feliz!”?

Luego te recomienda un buen libro o una “meditación guiada” para que puedas “salir del agujero” más rápido.

Por supuesto que tú estás tratando de entender lo que pasó, estás tratando de curar tus heridas y por supuesto que te gustaría superar la situación y sentirte bien, una vez más, pero tú tienes tu propio ritmo de hacerlo, ¿verdad?

No estoy diciendo que sean malas personas, insensibles o fríos, seguramente te aman y quieren que estés bien y de pie una vez más pronto. Ellos no entienden tus necesidades internas ni tu situación, por lo que es importante que aprendas a defender tu derecho de curarte a tu propio ritmo.

No hay nada peor que tener una mala experiencia, una sensación de malestar y que alguien venga y te diga: “¡Oh, vamos, supéralo! ¡Échale ganas! “Sí, lo que deseas es estrangularlo de inmediato.

No te aconsejaría que lo hicieras, sólo toma una respiración profunda y dale las gracias por su preocupación, su intención es buena, pero su método no. Así que no los culpes, es probable que tú ya hayas hecho lo mismo sin darte cuenta a otra persona, por lo que sólo agradécele su amabilidad y, trabaja en tu recuperación a tu propio ritmo.

Tenemos diferentes niveles de resistencia, diferentes fortalezas, umbrales de dolor, etc. Somos individuos, por lo que no podemos esperar que otras personas reaccionen de la misma manera que nosotros lo hacemos. Sin embargo, por lo general, sí esperamos que lo hagan.

Todos tenemos nuestras propias velocidades: para hablar, para caminar, para aprender, para pensar, para responder, y así sucesivamente.

Y como parte de nuestra propia naturaleza, tenemos el derecho de defenderlas y esperar que los demás las respeten.

Así que aprende a tomar tu tiempo e ir a través de tus propios procesos a tu propio ritmo.

Y ten en cuenta que las otras personas tienen su propio ritmo también, antes de intentar evangelizarlos o ponerlos de pie otra vez.

Cuando hayas aprendido a respetar tus propios tiempos, los demás comenzarán a respetarlos también.

Tomado de mi libro: Continuum

 

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